Torrecilla de la Jara 26 de Agosto del 2000

Queridos paisanos y amigos, querido alcalde y concejales, estimados visitantes de los pueblos cercanos que nos acompañáis un año más en esta noche de fiesta.


Es una sensación muy especial no exenta de cierto nerviosismo la que siento al dirigirme a todos vosotros como pregonero de las fiestas de este año tan significativo, el que hace el número 2000 de nuestra era.


Debo confesar que me costó un poco aceptar la invitación de la Corporación Municipal para estar hoy aquí en esta tribuna; no porque no me apeteciera, que me apetecía mucho, sino por la gran responsabilidad que supone ser el pregonero de las fiestas de tu pueblo.
Pues esto de los pregones de fiestas, fue siempre cosa de personajes ilustres: Políticos, escritores, artistas y gente de reconocida fama; en definitiva hombres y mujeres de relevancia pública.


Yo no tengo ninguno de estos méritos, pero sí tengo uno del que nadie me puede privar y es el gran amor a esta tierra, mi tierra, el profundo respeto y cariño que siento por sus gentes, mis gentes, y el haber nacido aquí en Torrecilla, precisamente en esta plaza.
Después de decidir que sí, que estaría con vosotros en este momento, había que buscar un tema para mi pregón.


Esto lo tenía más fácil, os hablaría de nuestro pueblo de nuestra gente, de su historia reciente, sobre todo la que me tocó vivir de niño y adolescente.


Mis disculpas por tanto anticipadas para los más jóvenes, que lógicamente no vivieron esos años y mi agradecimiento también por estar hoy aquí pues su presencia es la mejor garantía de que nuestras fiestas y el rico legado de tradiciones y costumbres de nuestro pueblo continuará a lo largo de los años.


Citaré de paso a algunos que por aquí seguimos, pero también a los que nos dejaron, pues al evocarles de alguna forma vuelven a estar con nosotros en el recuerdo.


Solicito pues vuestro permiso para entrar un poquito en vuestras vidas; con absoluto respeto, por supuesto, con todo el cariño y con la mejor de las intenciones.


Trataré de hacerlo en verso, los pregones suenan así mejor, os pido disculpas por el atrevimiento y ya sin más dilación procedo a ello pues la hora de nuestra tradicional “pólvora” se acerca.

 

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